Schumpeter sobre la Edad Media en Europa

Todos esos monjes y frailes hablaban en el mismo latin no-clásico; oían la misma misa que se encontraran donde se encontraran; se formaban mediante una educación que era la misma en todos los países; profesaban el mismo sistema de creencias fundamentales; y todos reconocían la autoridad suprema del papa, que era esencialmente internacional: su país era la Cristiandad y su estado la Iglesia. Pero no eso todo. Su influencia internacionalizador se reforzaba por el hecho de que la misma sociedad feudal era internacional. No sólo era internacional la autoridad del papa sino también la del emperador: en principio, desde luego, y de hecho en cierta variable medida. El antiguo imperio romano y el imperio carolingio no eran meros recuerdos. La gente estaba familiarizada con la idea de un superestado temporal y un superestado espiritual. Las divisiones nacionales no significaban para ellos lo que llegaron a significar durante el siglo XVII; nada llama tanto la atención en todo el conjunto de ideas políticas de Dante como la completa ausencia del punto de vista nacionalista. El resultado fue el nacimiento de una civilización esencialmente internacional y de una república internacional de los intelectuales que no fue palabrería, sino auténtica y viva realidad. Santo Tomás era italiano y Duns Escoto era escocés: pero los dos enseñaron en París y en Colonia sin encontrar ninguna de las dificultades con las que tropezarían en la edad de los aviones.

Joseph A. Schumpeter, Historia del Análisis Económico

Cantos de sirena

Que poderoso es el mensaje de los nacionalismos. Durante mucho tiempo, tras las matanzas de las guerras mundiales, ha sobrevivido en Europa, debilitado, como algo viejo, atrasado. Ahora en medio de una enorme crisis y con una desconfianza grave en el futuro vuelve con fuerza.

Y es que el canto de los nacionalismos llama a la emoción mas interna, como las creencias religiosas, son un asidero capaz de dar significado y dirección a una vida. David comentaba que son el virus que el Romanticismo alemán transmitió a Europa, y la comparación me encanta porque refleja ese poder de propagación que puede tener.

El Romanticismo surge como reacción al Racionalismo y al Universalismo francés. Siempre he imaginado esto como un hartazgo de los europeos de aquella época, que buscó volver a una supuesta esencia no racional, emocional y natural. Pero lo interesante para mí ha sido darme cuenta de hasta que punto fué beligerante en Inglaterra y Alemania, pues se desarrolló también como un rechazo a la invasión napoleonica. En el caso de los alemanes esto les llevó a cocinar un virus muy “personal”.

En Inglaterra nadie queda indemne tras escuchar la letra del himno Jerusalem, una obra de 1916 sobre un poema de William Blake de 1808: “No cederé en el combate mental, no dormirá la espada en mi mano, hasta que Jerusalem se haya alzado, en Inglaterra sus verdes felices tierras”. En todos lados hay canciones con sentimientos similares.

En España durante el regimen de Franco se potenció el folklore regional como una forma de hacer asumible el desmesurado nacionalismo español de la época. El folklore es un nacionalismo domesticado y es expresión de las mismas ideas y emociones. En Canarias, hay una preciosa canción de mediados del siglo pasado, insularista en este caso pues habla de una isla en concreto (Canarias tiene esas cosas). En Sombras del Nublo se canta: “Sombra del Nublo, altar de mi tierra amada, hay nieve y sol en la cumbre, cumbre de mi Gran Canaria”. Una canción que en la isla de Gran Canaria evoca sus paisajes cumbreros y agrícolas, lejos de la costa donde está el puerto y el comercio. Increible, es muy alemán ¿verdad?

Como los cantos de sirena que se cuentan en la Odisea, hay que atarse bien atado a la proa de tu barco para evitar dejarse engañar por los nacionalismos, por los localismos de cualquier tipo. Hoy en Europa mas que nunca es necesario reivindicar un espíritu universal que es el que nos puede llevar a un futuro de verdad. Con todos sus defectos, mas Europa, de calidad, sigue siendo el camino para los europeos. La batalla contra las miserias de Europa debe hacerse en Europa, no contra Europa. Si no corremos el riesgo de perder el futuro, de no romper el ciclo y volver al pasado.