Las máquinas no dibujan con tiza

Tengo una hija que no tardará mucho en entrar en el cole, así que ya hemos empezado a plantearnos opciones. Una cosa que me llama la atención es la forma en que las escuelas exhiben tecnología como prueba de excelencia, de calidad en la educación: uso de pizarras electrónicas, de tabletas… Creo que nos equivocamos cuando le damos tanto protagonismo a trabajar con los últimos gadgets. Lo importante no son las nuevas maquinitas, sino las nuevas ideas. Los medios materiales son mucho menos importantes que los humanos.

En las empresas pasa algo parecido, tendemos a confiar demasiado en la tecnología. En este caso, nos pasamos automatizando procesos, queremos cuantificar todo y gamificar el comportamiento. Obligamos a las personas a trabajar en rutas bien definidas, digitalizamos los artefactos con los que trabajan, para disminuir costes, para evaluar mejor, para ganar en previsibilidad.

El problema es que cuando nos pasamos, el valor que podemos aportar las personas no para de reducirse. Si nos comportamos como un programa, mejor pongamos una aplicación o un robot, porque estamos malgastando de forma ridícula las cualidades que tenemos. La empresa funcionará bien en el corto plazo, pero perderá los espacios de reflexión y crítica, y también perderá la visión a medio o largo plazo. No habrá un crecimiento “orgánico”, sino quizá, en el mejor de los casos, algún “pelotazo”.

Las funciones de mas valor que puede ofrecer una persona son imposibles de reproducir por un programita, o por millones de líneas de código. Es bastante pobre pretender conducir el trabajo de forma que las personas se comporten como máquinas, al contrario, lo poderoso es saber sacar partido de forma inteligente al valor de la gente. No hay máquina con la visión de conjunto que tiene una persona. Cuando las máquinas puedan hacerlo será porque se habrán vuelto humanas.