Las máquinas no dibujan con tiza

Tengo una hija que no tardará mucho en entrar en el cole, así que ya hemos empezado a plantearnos opciones. Una cosa que me llama la atención es la forma en que las escuelas exhiben tecnología como prueba de excelencia, de calidad en la educación: uso de pizarras electrónicas, de tabletas… Creo que nos equivocamos cuando le damos tanto protagonismo a trabajar con los últimos gadgets. Lo importante no son las nuevas maquinitas, sino las nuevas ideas. Los medios materiales son mucho menos importantes que los humanos.

En las empresas pasa algo parecido, tendemos a confiar demasiado en la tecnología. En este caso, nos pasamos automatizando procesos, queremos cuantificar todo y gamificar el comportamiento. Obligamos a las personas a trabajar en rutas bien definidas, digitalizamos los artefactos con los que trabajan, para disminuir costes, para evaluar mejor, para ganar en previsibilidad.

El problema es que cuando nos pasamos, el valor que podemos aportar las personas no para de reducirse. Si nos comportamos como un programa, mejor pongamos una aplicación o un robot, porque estamos malgastando de forma ridícula las cualidades que tenemos. La empresa funcionará bien en el corto plazo, pero perderá los espacios de reflexión y crítica, y también perderá la visión a medio o largo plazo. No habrá un crecimiento “orgánico”, sino quizá, en el mejor de los casos, algún “pelotazo”.

Las funciones de mas valor que puede ofrecer una persona son imposibles de reproducir por un programita, o por millones de líneas de código. Es bastante pobre pretender conducir el trabajo de forma que las personas se comporten como máquinas, al contrario, lo poderoso es saber sacar partido de forma inteligente al valor de la gente. No hay máquina con la visión de conjunto que tiene una persona. Cuando las máquinas puedan hacerlo será porque se habrán vuelto humanas.

Ser Toyota o ser Nintendo

Que será mejor ser Toyota o ser Nintendo. Toyota es el paradigma de la calidad, de la mejora continua, el paradigma de la empresa especialista. Toyota se basa en hacer las cosas cada vez un poquito mejor, sin embargo Nintendo se basa en hacer algo nuevo cada vez.

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Esto pensando en empresas, pero, y si nos aplicamos la comparación a cada uno ¿que será mejor? Ser un especialista, ampliando y mejorando lo que ya haces, a la manera de los artesanos o pintores antiguos, o ser mas bien un explorador, un descubridor.

Francamente, creo que nunca me ha gustado verme como un especialista, lo veo empobrecedor. Es cierto que para dar un servicio debes especializarte, pero veo innecesario estar puliendo durante años lo que hago, haciendo las mismas cosas, perfeccionando la técnica una y otra vez.

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Profesionales excelentes, no prima donnas

Uno de los principios contenidos en el manifiesto por el desarrollo ágil de software, publicado en 2001, dice lo siguiente:

“Build projects around motivated individuals. Give them the environment and support they need, and trust them to get the job done.”

En el desarrollo ágil el acento está puesto sobre el individuo, sobre el experto en algo. Con buen criterio afirma que hay que confiar en su capacidad para aportar soluciones, hay que despejarle el camino en caso de que haya obstáculos que dificulten la consecución de su tarea, hay que darle inspiración en vez de darle instrucciones.

Se nos dice que la empresa ideal no es jerárquica, es cooperativa, es rápida. Con una gestión ligera y diferente y un grupo de expertos que se autoorganizan. Para llegar a ella la organización debe cambiar, los “jefes” deben cambiar…  Pero también son necesarios individuos, expertos con las cualidades adecuadas para trabajar de esta manera.

Un equipo ágil que ofrezca resultados de calidad también exige tener personas con unos valores y cualidades particulares. Se cede el poder al experto, pero de nada nos valdrá si olvida que trabaja por un objetivo común, poco aportará si no es capaz de escuchar, si no busca activamente integrar las ideas de los demás en sus ideas.

Cada vez mas, los problemas a los que nos enfrentamos son esos que llaman “wicked problems“, problemas perversos. Complejos, sin procedimientos claros para resolverlos y por supuesto sin posibilidad de automatizarlos. Para aportar soluciones hacen falta muchas voces, pero también muchos oidos.

No son prima donnas lo que necesitan los equipos sino profesionales excelentes, gente que no solo sirva para sacar las castañas del fuego sino que ayuden a crear equipos brillantes y con futuro.