Un ladrón en el paraíso

En el extremo oeste del mundo, al borde del gran oceano.

Ninfa: ¡No te acerques!
Humano: Entraré, he luchado mucho para llegar hasta aquí.
Ninfa: No lo hagas, Hera ha corrompido al dragón para que esté a su servicio y te destrozará si te acercas.
Humano: ¡Que miserables! si pudiera llevarme un árbol, no solo yo, sino todo el mundo podría comer estas frutas de sabiduría.
Ninfa: Desconozco si eso puede ser así, pero los privilegiados temen perder el poder que disfrutan. Las manzanas doradas solo son para Hera y su estirpe.
Humano: Y tú, Hesperia, musa, ¿por qué permaneces en el jardín? ¿por qué se fían los Dioses de tí?
Ninfa: Yo me debo a estos árboles, los conozco y gracias a nosotras las manzanas brillan doradas al sol. Hera nos necesita y estos árboles son nuestra vida.
Humano: Llegará un día en que estos árboles pueblen toda el mundo. Hoy esperaré a que el dragón duerma, y como un ladrón, con tu ayuda, robaré la fruta.