Schumpeter sobre la Edad Media en Europa

Todos esos monjes y frailes hablaban en el mismo latin no-clásico; oían la misma misa que se encontraran donde se encontraran; se formaban mediante una educación que era la misma en todos los países; profesaban el mismo sistema de creencias fundamentales; y todos reconocían la autoridad suprema del papa, que era esencialmente internacional: su país era la Cristiandad y su estado la Iglesia. Pero no eso todo. Su influencia internacionalizador se reforzaba por el hecho de que la misma sociedad feudal era internacional. No sólo era internacional la autoridad del papa sino también la del emperador: en principio, desde luego, y de hecho en cierta variable medida. El antiguo imperio romano y el imperio carolingio no eran meros recuerdos. La gente estaba familiarizada con la idea de un superestado temporal y un superestado espiritual. Las divisiones nacionales no significaban para ellos lo que llegaron a significar durante el siglo XVII; nada llama tanto la atención en todo el conjunto de ideas políticas de Dante como la completa ausencia del punto de vista nacionalista. El resultado fue el nacimiento de una civilización esencialmente internacional y de una república internacional de los intelectuales que no fue palabrería, sino auténtica y viva realidad. Santo Tomás era italiano y Duns Escoto era escocés: pero los dos enseñaron en París y en Colonia sin encontrar ninguna de las dificultades con las que tropezarían en la edad de los aviones.

Joseph A. Schumpeter, Historia del Análisis Económico

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