Máquinas de engullir tareas

“… antes de la Revolución Industrial los relojes eran básicamente irrelevantes. En vez de estar orientados por el tiempo, las personas estaban orientadas por las tareas. Tenían tareas que hacer, y las realizaban en su orden natural, en su momento.” eso se dice en esta entrada que leí hace unos días.

Hoy vivimos como verdaderos campeones completando tareas en poco tiempo. Somos máquinas de engullir tareas y disponemos de herramientas en nuestros móviles que nos capacitan mas y mas para ello. El valor esta puesto en la eficiencia. La satisfacción llega por completar tareas y no tanto por el desarrollo de estas, por nuestro crecimiento a través de ellas, por el valor real que aportan.

Nuestra sociedad pone el foco en los costes, en el corto plazo, olvidando la mirada a largo plazo, la visión estratégica. Llegamos al punto de ignorar cínicamente que muchas veces lo que se completa carece de valor real. Lo vivimos a todos los niveles, como personas, como empresas, en la forma en que se desarrolla la política.

Con el poder que tenemos vivimos de forma miserable y miope.

Es el mundo de fuegos artificiales que nos rodea. Hasta el discurso y el pensamiento se empaqueta y el ejemplo de relumbrón son esos Ted Talks espectaculares en los que cuanto menos hables mejor, 10, 5, 3 minutos. Es casi un ejercicio acrobático, puro espectáculo.

¿Pero cuanto de todo esto quedará dentro de 100 años?

La Sociedad de Abundancia que puede llegar, que vemos aparecer a la sombra del espectáculo tiene un aspecto diferente. El foco volverá a estar en la tarea. No nos olvidaremos de la gestión del tiempo, pero atenderemos mas al valor intangible de lo que hacemos, a si lo que realizamos aporta de verdad.

Sobre Abundancia, de mis amigos de Las Indias: Sus libros, un enlace y otro mas.

Nota: el enlace del principio es vía versvs.

2 thoughts on “Máquinas de engullir tareas”

  1. Hay un libro que leíamos los estudiantes de Economía en Sociología, «El taller y el cronómetro», de Coriat, que cuenta esa historia… y de alguna manera la liga -desde los monjes medievales a la fábrica fordista- al tortuoso camino de la abundancia. La idea es que lo que se nos presenta como obsesividad del dominio sobre el tiempo, en un momento incluso como nacionalización del tiempo, que pasa a ser una concesión más del estado, no es más que el resultado de la independización de la producción de los ciclos naturales de las estaciones y los días. Algo que la ética hacker, si lo piensas, lleva al límite al acabar con los horarios.

    Es decir, el tiempo reglado, el tiempo del cronómetro y el control de las personas en la fábrica, se correspondería a la etapa del capital industrial y expresaría al mismo tiempo ese incremento del control de las personas necesario para asociar el trabajo -casi de forma forzosa- alrededor de grandes acumulaciones de capital en un momento donde la escala de producción óptima es altísima.

    Al reducirse esta escala progresivamente, el camino actual de la abundancia, no solo la producción se haría distribuida, también el tiempo, la lógica del control alrededor suya lo haría. Nos acercaríamos a un tiempo relacional muy diferente y opuesto al tiempo centralizado, controlador del taller y la fábrica.

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