El día de la marmota

Hoy pasaba por una librería y le echaba un vistazo a “El aroma del tiempo: Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse” de Byung-Chul Han. Me dije, lo compro, no lo compro… triunfó lo último y me fuí a comprar lo que tenía previsto. Cuando esta pagando los dependientes hablaban entre ellos y uno le decía a otro que volvía de vacaciones “…es el día de la marmota”. No se cuantas veces he oido esta expresión en el último año. Me fuí a la librería y me compré el libro.

En su introducción dice:

La crisis temporal de hoy no pasa por la aceleración. La época de la aceleración ya ha quedado atrás. Aquello que en la actualidad experimentamos como aceleración es solo uno de los síntomas de la dispersión temporal. […] El tiempo carece de un ritmo ordenador. De ahí que pierda el compás. […]  El sentimiento de que la vida se acelera, en realidad, viene de la percepción de que el tiempo da tumbos sin rumbo alguno.

[…] La dispersión temporal no permite experimentar ningún tipo de duración. […] La vida ya no se enmarca en una estructura ordenada ni se guía por unas coordenadas que generen una duración. Uno también se identifica con la fugacidad y lo efímero.

[…] La crisis temporal solo se superará en el momento en que la “vita activa”, en plena crisis, acoja de nuevo a la “vita contemplativa” en su seno.

Máquinas de engullir tareas

“… antes de la Revolución Industrial los relojes eran básicamente irrelevantes. En vez de estar orientados por el tiempo, las personas estaban orientadas por las tareas. Tenían tareas que hacer, y las realizaban en su orden natural, en su momento.” eso se dice en esta entrada que leí hace unos días.

Hoy vivimos como verdaderos campeones completando tareas en poco tiempo. Somos máquinas de engullir tareas y disponemos de herramientas en nuestros móviles que nos capacitan mas y mas para ello. El valor esta puesto en la eficiencia. La satisfacción llega por completar tareas y no tanto por el desarrollo de estas, por nuestro crecimiento a través de ellas, por el valor real que aportan.

Nuestra sociedad pone el foco en los costes, en el corto plazo, olvidando la mirada a largo plazo, la visión estratégica. Llegamos al punto de ignorar cínicamente que muchas veces lo que se completa carece de valor real. Lo vivimos a todos los niveles, como personas, como empresas, en la forma en que se desarrolla la política.

Con el poder que tenemos vivimos de forma miserable y miope.

Es el mundo de fuegos artificiales que nos rodea. Hasta el discurso y el pensamiento se empaqueta y el ejemplo de relumbrón son esos Ted Talks espectaculares en los que cuanto menos hables mejor, 10, 5, 3 minutos. Es casi un ejercicio acrobático, puro espectáculo.

¿Pero cuanto de todo esto quedará dentro de 100 años?

La Sociedad de Abundancia que puede llegar, que vemos aparecer a la sombra del espectáculo tiene un aspecto diferente. El foco volverá a estar en la tarea. No nos olvidaremos de la gestión del tiempo, pero atenderemos mas al valor intangible de lo que hacemos, a si lo que realizamos aporta de verdad.

Sobre Abundancia, de mis amigos de Las Indias: Sus libros, un enlace y otro mas.

Nota: el enlace del principio es vía versvs.