La palmadita en la espalda

Ver la explosión de abrazos y felicitaciones entre los miembros del equipo que ha llevado al rover “Curiosity” hasta Marte da que pensar, si lo comparamos con el día a día de muchos entornos de trabajo.

La celebración no es algo solo del logro final y de los grandes gestos. En cualquier deporte de equipo, donde haya un equipo de verdad, la comunicación entre los jugadores durante el partido es continua, se felicitan por cualquier buena jugada y se animan continuamente.

¿Porque apenas vemos esto en las empresas? Quizá es que no hay equipo, quizá es que la gente no se siente partícipe de ningún objetivo común, sino simplemente utilizada. Y sin embargo, la celebración, la felicitación, forman parte del lenguaje de un equipo de verdad.

¿Porqué una felicitación bien dada?

  • Porque informa acerca de como estamos haciendo las cosas, nos ayuda a continuar por el mismo camino con mas seguridad o cambiar de rumbo si es necesario. Solemos estar muy dispuestos a decir que algo está mal, está tirado decir que lo que ha hecho el otro es una basura, pero cuando las cosas se hacen bien es fundamental comunicarlo.
  • Porque nos ayuda a valorar lo que aportamos. No hay nada de banal o de obvio en un trabajo bien hecho. Un buen trabajo es fruto de una aspiración personal, de una pasión, de una ambición, de una técnica bien pulida. ¡Y que común es el desprecio del propio trabajo!
  • Porque nos ayuda a entender mejor al resto de miembros del equipo y su enfoque a la hora de hacer las cosas. Cuando no hay felicitaciones no escuchamos a los otros, salvo que nos fuerce la situación. Triunfa el yo y nos olvidamos del grupo.

Cuando no hay felicitaciones, no se cree en el trabajo que se está realizando. No existe proyecto, existe rutina. No existen aspiraciones, existe monotonía. Felicitamos a los héroes, a personas con grandes aspiraciones, ¿quien no quiere tener a esta gente como compañeros de travesía?

En este país parece estar muy mal vista la palmadita en la espalda, es una manipulación, es paternalista… Pues bien, dejemos de dar palmaditas en la espalda y empecemos a felicitar de verdad.

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